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CI-7

MEDICAMENTOS Y SOCIEDAD

Ceferino Sánchez, APANAC

 

En las últimas décadas los medicamentos han dejado de constituir un elemento terapéutico de uso exclusivo  de los profesionales de la salud para convertirse en un elemento cultural y un objeto  de consumo.

 

 

Cuando los medicamentos no se usan para solucionar  un problema  médico o de salud,  sino para alcanzar  niveles de bienestar y mejoramiento personal,  se  habla del uso social de los medicamentos,  uso que se asocia generalmente  con un cierto estilo de vida.  Existen drogas de uso social llamadas drogas recreativas, que no tienen  utilidad clínica, y que  son ilegales (éxtasis, cocaína) o legales (alcohol, tabaco).  Ciertos medicamentos legales son usados para mejorar ilegalmente el rendimiento atlético (esteroides anabólicos, eritropoyetina) y podrían también  ser considerados de uso social. Sin embargo,

los verdaderos medicamentos de uso social  son aquellos que tienen un uso médico  aceptado, pero que se usan también para satisfacer opciones sociales lícitas. Son drogas tales como sildenafil, orlistat, bupropion, paroxetina y fluoxetina, minoxidil y  otras.  El  empleo  de estas drogas  se debe a la aparente necesidad de alterar la apariencia, la capacidad física y  mental,  y aun el  carácter y la  conducta. El uso social de estas drogas ha sido influenciado

por una fuerte promoción de la industria farmacéutica, a través de campañas de propaganda directa a los consumidores, el apoyo a grupos de pacientes y familiares y a un gran esfuerzo  promocional con los profesionales de la salud. También ha influido la llamada democratización de la información médica, en especial el acceso a Internet. La cultura de usar medicamentos para situaciones no muy bien definidas  se debe a la aceptación de que nadie es completamente normal y que aunque  la mayoría de las personas están sanas  siempre pueden estar mejor, sobre todo si se manipula el concepto de lo que es normal. El resultado de esta mezcla de “querer estar mejor” y la intensa promoción comercial es la llamada medicalización del los descontentos y el auge de lo que se ha denominado la Farmacología del Confort. Esta compleja situación ha provocado que  exista una tendencia a diagnosticar o inventar enfermedades o síndromes difíciles de justificar. En muchos casos 

 

se  inventan nuevas enfermedades  para  las drogas existentes, cuando lo correcto seria inventar drogas para las enfermedades conocidas.

 Además del impacto económico del uso social de los medicamentos, esta situación está cambiando nuestra cultura, representa  un desafío a los sistemas de salud, afecta la relación médico-paciente e incide en el autodiagnóstico y la automedicación.

Este fenómeno podría ser interpretado como una paradoja, derivada, quizás, de la propia definición de salud de la OMS que la define  como un estado de completo bienestar físico, mental y social …  y que, por lo tanto, la enfermedad puede ser cualquier cosa que se desvíe de este estado de bienestar total.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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