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Investigación e innovación: claves del
progreso social y económico
Enric Banda
Director de la Fundación Catalana para la Investigación y la Innovación (FCRI) y el Instituto Catalán para la Investigación y Estudios Avanzados (ICREA), Barcelona
Hoy en día existen datos suficientes que confirman la rentabilidad económica y social de la inversión en I+D. De ello parece haberse hecho eco una buena parte de la clase política que menciona una y otra vez la necesidad de apostar por la economía del conocimiento, lo que conlleva invertir en I+D, no sólo aumentando los recursos financieros sino fomentado el espíritu innovador y emprendedor del sector privado.
Efectivamente el impulso a la investigación científica y la innovación ha merecido la atención de muchos gobiernos a distintos niveles y en distintos foros. Sin embargo este discurso político no siempre va acompañado del acto político más importante, la aprobación del presupuesto correspondiente. Incluso en los casos donde el discurso se ha traducido en apoyo presupuestario nos encontramos con una serie de obstáculos relacionados con la gestión efectiva del presupuesto, el establecimiento de prioridades e instrumentos adecuados para poner en marcha una auténtica política científica y tecnológica.
En el caso de la innovación, cuyo mayor esfuerzo corresponde al mundo empresarial, encontramos, también, serias dificultades que dependen del sector y del tamaño de las empresas, que van desde el tratamiento fiscal a la cultura emprendedora y los recursos humanos o la financiación de la innovación.
En Europa la competencia con Estados Unidos, Japón, China y otros países ha originado un interesante debate acerca del sistema europeo de ciencia y tecnología que ha permitido identificar las principales debilidades del sistema y el diseño de estrategias de futuro recogidas en el concepto del Espacio Europeo de Investigación. Un interesante resultado del diagnóstico es la importancia de los sistemas subnacionales como motores de la investigación y la innovación. Tal resultado lleva a reforzar la idea de la absoluta necesidad de cooperación entre sistemas subnacionales, nacionales y supranacionales para contar con una Europa capaz de mejorar su nivel de competitividad. Por otra parte se revela como indispensable establecer prioridades de acuerdo con el potencial investigador y con el desarrollo del tejido productivo (el conocido debate de la relevancia). De ahí que un factor clave es la transferencia de conocimiento y tecnología y, por lo tanto, la estrecha colaboración entre el sector público y el sector privado.
El modelo de crecimiento económico basado en el conocimiento, que en algunos foros se critica como excesivamente mercantilista, ya que llevado a su extremo reduciría la ciencia a una herramienta al servicio de la economía, es, hoy por hoy, una apuesta eficaz para garantizar el progreso social y económico, siempre y cuando se articulen los instrumentos necesarios para compatibilizar los valores asociados a la práctica de la investigación científica. Notemos que la actividad científica es necesaria para una educación superior de calidad, que, al fin y al cabo, esta en la base del progreso de los pueblos, por no aludir al enriquecimiento y los valores que conlleva la actividad científica como tal.

